Connect with us

ECONOMIA

Inflación rebelde: ¿la culpa es del «riesgo kuka» o Caputo le dio a la maquinita de pesos?

Published

on



La matrícula de los colegios, la suba de la nafta por culpa de la guerra, el ajuste de las tarifas de servicios públicos, un aumento inesperado en la carne… Todo eso apareció mencionado por Javier Milei, Toto Caputo y los principales funcionarios del equipo económico a la hora de explicar el feo 3,4% que registró el IPC de marzo.

Pero esos argumentos escapan al factor que históricamente los libertarios señalaron como el verdadero y único causante de la inflación: el exceso de emisión monetaria. Y es por eso que, en este momento, el debate entre los economistas volvió a las raíces: ¿hubo un «efecto maquinita» que generó la inflación actual o hay que atribuir todo, como dice Caputo, a la caída en la demanda de pesos generada por el «riesgo kuka»?

Advertisement

No es un debate fácil, porque implica ponerse de acuerdo en cuál es la definición relevante de «dinero». Así, la que suele considerar el gobierno, que es el M2 transaccional privado -incluye circulante, cheques, y depósitos a la vista- apenas subió un 20,4% en un año y se achicó un 0,5% en marzo, según el último reporte monetario del Banco Central.

En cambio, si se toma en consideración el agregado M3 -agrega, además de los medios de pago, todos los depósitos del sistema financiero, como los plazos fijos-, entonces los números empiezan a parecerse más a los que marca el IPC: la cantidad de dinero subió 32,1% interanual, mientras la inflación acumulada de 12 meses fue de 32,6%. En el primer trimestre del año, el M3 subió nominalmente un 3,1%, frente a un IPC acumulado de 9,4%.

La discusión respecto de cuál es el número relevante parece interminable y es de índole muy técnica. Básicamente, quienes priorizan el dinero transaccional afirman que los pesos que están inmovilizados por los encajes del BCRA o la absorción vía bonos del Tesoro.

Advertisement

Y Caputo ha demostrado ser cuidadoso en cuanto a no dejar pesos «sueltos» en el mercado: en las últimas licitaciones del Tesoro no se contentó con «rollear» los vencimientos de deuda, sino que además colocó más bonos para absorber circulante. Es así que, con una emisión de letras por $3 billones, neutralizó el efecto expansivo que tuvo el afloje del BCRA con la normativa de los encajes.

¿El plan inflacionario no se mancha?

En todo caso, si algo dejó en claro Milei es su rechazo vehemente a resignarse a una inflación alta para ayudar a que la economía crezca con más vigor. De hecho, su postura doctrinaria es que esas dos variables no son compatibles.

«Si generar inflación generara crecimiento, Argentina tendría que ser una potencia mundial», fue la expresiva definición del presidente en la charla que dio ante un auditorio de empresarios de capital estadounidense, justo el día en que se dio a conocer el IPC de marzo.

Advertisement

Es decir, que en una economía con precios en alza había mayores probabilidades de mantener los puestos de trabajo y que, por el contrario, en situaciones de estabilidad crecía el riesgo de que los ajustes se produjeran no en el nivel de los salarios sino en la cantidad de gente empleada.

A pesar de que Milei defenestra esta teoría, cuya validez fue refutada por Milton Friedman -uno de los ídolos del presidente argentino- lo cierto es que incluso en Estados Unidos ha habido demostraciones de su vigencia a nivel político. Tanto que hasta economistas que han sido o son actualmente consultores del gobierno recomiendan avanzar lento con la caída inflacionaria, para no correr el riesgo de una recesión y de tener que recurrir a tasas de interés muy altas.

El miedo al «lado B» de la compra de dólares

El diagnóstico de Caputo fue claro respecto de lo que estaba pasando en la economía: se había producido una abrupta caída en la demanda de pesos en los meses previos a la elección legislativa, como consecuencia del «ataque político» y los «intentos de desestabilización» impulsados por la oposición al aprobar en el Congreso leyes que ponían en riesgo el equilibrio fiscal. La prueba que esgrime el gobierno es la masiva dolarización adoptada por los ahorristas durante esos meses, que llegó al nivel récord de la mitad de la base monetaria.

Advertisement

Sin embargo, el impulso inflacionario continuó fuerte a pesar de la amplia victoria electoral del gobierno. Y el índice de riesgo país -que en las perspectivas del gobierno debería haber caído al entorno de 400- rebotó hasta superar los 630 puntos a fines de marzo.

Fue en ese punto cuando surgieron algunas advertencias respecto de si podría ser el propio Banco Central, al embarcarse en una masiva compra de dólares, el que estuviera presionando la inflación. Los u$s5.500 millones acumulados por Santiago Bausili en lo que va del año tienen como contrapartida una inyección de $8 billones en la economía.

Quien expresó más explícitamente ese temor fue el propio presidente Milei, que en una reunión con inversores de Wall Street se mostró optimista sobre el flujo de divisas que ingresaría a la economía argentina, tanto por exportaciones como por inversiones. En aquella ocasión le auguró a Bausili que «le iban a salir dólares por las orejas», e inmediatamente le advirtió que tuviera cuidado extremo en que esa compra de divisas «no se vaya a los precios».

Advertisement

No era la primera vez que Milei había dejado entrever ese temor. De hecho, cuando hasta el Fondo Monetario Internacional le reclamaba que acumulara reservas, el presidente había dicho que no iba a sacrificar su objetivo de baja de la inflación ni iba a propiciar un salto devaluatorio para cumplir con el objetivo de comprar reservas.

Las advertencias sobre la tasa de interés

Pero, finalmente, ese temor también quedó disipado. El propio Milei explicó que la clave era que se estaba recuperando la demanda de pesos y que, por lo tanto, cuando el BCRA compraba dólares, era porque el mercado tomaba esos pesos para las transacciones.

La prueba, desde ese punto de vista, era que el tipo de cambio no sólo no subía sino que iba en caída. Y, además, las tasas de interés se comprimían, con lo cual tampoco era de recibo la crítica sobre que la estabilidad cambiaria solamente se sostenía gracias al «carry trade».

Advertisement

Fue un punto discutido, porque varios economistas de línea ortodoxa acusaron al BCRA de ir demasiado lento en su compra de dólares. Entre ellos, el influyente Domingo Cavallo, que dijo que no había que temer a un salto inflacionario ni devaluatorio. Pero hizo una advertencia: esos dólares no deben terminar en el pago de deudas del Tesoro ni de los gobiernos provinciales -que, de hecho, es lo que está ocurriendo ahora-.

«Para que la única emisión monetaria sea la destinada a acumular reservas en el Banco Central, es necesario que los vencimientos de intereses y capital de la deuda en pesos también se financien con superávit fiscal primario o con nuevo endeudamiento, pero nunca con emisión monetaria del Banco Central», sostiene Cavallo.

Pero advierte que no alcanza con acumular reservas, sino que hay que evitar hacerlo al «estilo Sturzenegger». Afirma que la experiencia de la gestión macrista es que aprovechar la entrada de capitales de corto plazo y manipular la tasa de interés para mantener anestesiado al dólar desemboca en una crisis cambiaria. Por eso, sugiere que, además de eliminar el cepo cambiario residual, debe prohibirse que el Tesoro y los gobiernos provinciales se endeuden a tasa fija.

Advertisement

«Sólo podrán hacerlo en pesos ajustables por inflación o por tipo de cambio y por plazos mayores a seis meses», propone, como forma de impedir el cíclico regreso de la bicicleta financiera.

Al final, ¿hubo maquinita?

Las críticas no terminan ahí, porque también hay economistas que afirman que el gobierno, contrariando su propio discurso, recurrió a la «maquinita de emitir» y luego quiso disimular el efecto de su mala decisión al echarle las culpas al «riesgo kuka».

El origen de esas críticas está en el acuerdo alcanzado con el FMI hace un año. En aquel momento, aprovechando la asistencia con «dólares frescos», se canceló una antigua deuda que el Tesoro mantenía con el Banco Central, y que figuraba como una «letra intransferible» por u$s14.000 millones.

Advertisement

Pablo Quirno, actual canciller -y entonces secretario de Finanzas-, anunciaba que de esa forma, se ponía final a «un pagadios utilizado por gobiernos kirchneristas para apropiarse de las reservas del BCRA».

Sin embargo, cuando la parte más ortodoxa del mercado esperaba que ahí terminara la operatoria, se produjo una medida que levantó polémica: el BCRA giró utilidades al Tesoro por $11,7 billones -equivalente a unos u$s10.000 millones, según el tipo de cambio de ese momento. El argumento oficial era que el BCRA había saneado su balance gracias a la eliminación de pasivos y a la valorización de bonos en su haber.

Gracias a esa situación, explicaba en ese momento Federico Furiase -hoy secretario de Finanzas- se ayudaría al Tesoro a saldar vencimientos de deuda. Y, como el remanente quedaría depositado en la cuenta que el Tesoro tiene en el BCRA, el efecto monetario sería neutro.

Advertisement

Un año después, reaparecieron las críticas en el sentido de que esa medida fue un uso disimulado de la «maquinita». Por caso, el consultor Christian Buteler argumenta que la aceleración inflacionaria ocurrida en la segunda mitad del año pasado «es el costo matemático de intentar absorber ese excedente».

Esa expansión implicó un salto de 26% en la base monetaria amplia -que incluye también títulos de deuda pública-, lo que lleva a los críticos a afirmar que «la emisión de ayer es la inflación de hoy».

Una alarma en el plano fiscal

Finalmente, hay otro factor que también es objeto de un debate técnico, pero relevante: si el gobierno contabiliza en forma correcta el costo financiero por los intereses que generan las letras capitalizables. La acusación de los críticos es que, si se aplicara otra metodología de medición, el superávit financiero se transformaría rápidamente en un déficit.

Advertisement

Como si esa polémica fuera poco, además, hay una alarma encendida por el hecho de que van ocho meses consecutivos de caída interanual real en la recaudación de ARCA. Esto hace que el gobierno dependa más de la «motosierra» para sostener el superávit fiscal, que muestra una tendencia a adelgazar todos los meses.

De hecho, el último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso, que mensualmente releva las cuentas de la administración central en «base devengado» y no «base caja» -es decir, sobre los gastos hechos pero no necesariamente ya pagados-, ya informó que en marzo se volvió al déficit primario.

Advertisement



iprofesional, diario, noticias, periodismo, argentina, buenos aires, economía, finanzas,
impuestos, legales, negocios, tecnología, comex, management, marketing, empleos, autos, vinos, life and style,
campus, real estate, newspaper, news, breaking, argentine, politics, economy, finance, taxation, legal, business,
technology, ads, media,inflación,pesos,precios,banco central,emisión,maquinita,déficit fiscal,tasas,interés,dólar,bonos,aumentos,toto caputo

ECONOMIA

Caputo anunció que las exportaciones y la balanza comercial marcaron un récord histórico en mayo

Published

on



La balanza comercial registró un nuevo saldo histórico en mayo. Así lo informó el INDEC y lo replicó el ministro de Economía Luis Caputo en sus redes sociales.

El ministro sostuvo que «en mayo las exportaciones de bienes y la balanza comercial registraron un nuevo récord histórico».

Advertisement

Luis Caputo celebró el «récord histórico» en las exportaciones

Según publicó Caputo, «en el mes de mayo, las exportaciones de bienes ascendieron a u$s9.537 millones, registrando un crecimiento de 34,4% interanual y alcanzando un nuevo récord histórico. Las importaciones sumaron u$s6.033 millones, y la balanza comercial registró un superávit de u$s3.504 millones, el mayor valor mensual de la historia».

«Todos los grandes rubros de las exportaciones registraron crecimiento respecto a mayo del año pasado, con subas de 167,1% en Combustibles y Energía, 22,5% en Productos Primarios, 20,5% en Manufacturas de Origen Agropecuario y 20,1% en Manufacturas de Origen Industrial», sostuvo el ministro.

Advertisement

Y detalló: «Las exportaciones de Combustibles y Energía registraron un máximo histórico, en tanto las de Manufacturas de Origen Industrial alcanzaron el segundo valor más alto de la historia para un mes de mayo».

«En los primeros 5 meses del año, las exportaciones ascendieron a u$s40.359 millones (+24,3% en relación a igual período de 2025), y la balanza comercial acumuló un superávit de u$s11.783 millones. Asimismo, las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial sumaron u$s10.964 millones, el mayor valor de la historia para el período enero-mayo», resaltó.

«La balanza comercial energética registró el mayor saldo positivo de toda la serie, con un superávit de u$s1.543 millones, producto de exportaciones por u$s1.745 millones (+167,1%) e importaciones por u$s202 millones (-32,9%)», concluyó el mensaje del ministro.

Advertisement

Las proyecciones para las exportaciones mineras y de energía

Semanas atrás, el secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, anticipó que el país podría alcanzar en los próximos cinco años una balanza comercial combinada de energía y minería cercana a los u$s60.000 millones. La estimación se apoyó en la expansión de inversiones impulsadas por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y en el nuevo esquema económico vigente.

Las declaraciones se dieron en el marco del capítulo energético de la AmCham Summit 2026, el encuentro anual que reúne a empresas estadounidenses con presencia en la Argentina. El evento contó con análisis sobre infraestructura, exportación de hidrocarburos y competitividad del sector, aparte de la participación de referentes privados como Juan Martín Bulgheroni (PAE), Fernando Bonnet (Central Puerto) y Ana Simonato (Chevron), con la presencia previa del ministro de Economía, Luis Caputo

En su exposición, González sostuvo que la principal transformación en curso es de carácter estructural. «El cambio más importante es la vuelta de la Argentina al capitalismo, eso hace que sea un país donde los inversores digan, ‘acá quiero estar’«, destacó al iniciar su alocución, al afirmar que la confianza del capital privado es un factor esencial en la etapa actual del país

Advertisement

En ese sentido, remarcó la necesidad de estabilidad macroeconómica como condición para atraer capitales, y destacó un escenario de menor presión tributaria e inflación descendente. También se refirió a las reformas normativas recientes vinculadas a hidrocarburos, gas y el sistema eléctrico, que —según explicó— redefinen el rol del Estado y priorizan la eficiencia del mercado.

El funcionario puso el foco en el desempeño del RIGI, al que definió como una herramienta clave para acelerar proyectos energéticos y mineros. «El RIGI hasta ahora fue una historia de éxito. Extendimos el régimen un año más, y en simultáneo incluimos el desarrollo del upstream«, señaló.

Además, explicó el impacto operativo del esquema: «El RIGI permite que dentro del campo puedas desarrollar pozos o áreas que no tenías previsto desarrollar, porque los economics eran muy justos». En esa línea, proyectó una aceleración de inversiones en petróleo y gas: «… porque este régimen está vigente hasta julio del 2027. Vamos a ver un aumento de inversiones en el sector de petróleo y gas fortísimo en los próximos 18 meses».

Advertisement

González afirmó que la Argentina podría alcanzar una balanza energética y minera de u$s60.000 millones hacia 2030, y aclaró: «No estamos hablando del potencial de los recursos, sino que estamos hablando de proyectos concretos en 5 años».

En su argumentación, destacó el crecimiento de la producción petrolera, que alcanzó niveles récord cercanos a los 890.000 barriles diarios, con la posibilidad de superar el millón en el corto plazo. En gas natural, proyectó una expansión significativa vinculada al desarrollo de infraestructura de licuefacción y exportación.

Por último, defendió la estrategia de no intervención estatal directa en precios internos del mercado energético. «No instalamos un barril criollo ni intervenimos artificmente en los precios. Las empresas se autorregularon, y solas decidieron en qué medida hacían el pass through a precios, sin ninguna intervención del gobierno», concluyó.

Advertisement

iprofesional, diario, noticias, periodismo, argentina, buenos aires, economía, finanzas,
impuestos, legales, negocios, tecnología, comex, management, marketing, empleos, autos, vinos, life and style,
campus, real estate, newspaper, news, breaking, argentine, politics, economy, finance, taxation, legal, business,
technology, ads, media,luis caputo,exportaciones,importaciones

Advertisement
Continue Reading

ECONOMIA

El dólar sigue subiendo, supera a la inflación del mes y se frena el proceso de apreciación cambiaria

Published

on


De mantenerse la tendencia alcista, el dólar podría superar a la inflación en junio. (REUTERS/Willy Kurniawan)

La nueva suba del dólar, que ayer cerró a $1.470 para la venta en el mercado oficial, representa un cambio de tendencia respecto a lo que venía ocurriendo en los primeros meses del año. El tipo de cambio acumula con este ajuste un incremento de 2,7% en el mes y supera la inflación proyectada para junio, que podría perforar el 2 por ciento.

La cotización oficial había cerrado mayo a $1.430, en un mes que había mostrado récord de compra de dólares por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Sin embargo, el billete verde casi no se había movido.

Advertisement

En junio, la dinámica cambiaria es bastante diferente. El Central sigue comprando pero a un ritmo mucho menor al del quinto mes del año. A modo ilustrativo, en la última jornada la autoridad monetaria adquirió USD 70 millones y casi todos los días viene por debajo de ese nivel. A pesar de que hubo una menor demanda oficial, igual el tipo de cambio viene operando en alza.

Las opciones son dos: bajó la oferta de divisas o bien aumentó la demanda. Es posible que se estén dando ambas situaciones a la vez. Además, con el pago del medio aguinaldo también se estarán inyectando más pesos en las cuentas de los empleados y es probable que parte de ese dinero termine canalizándose hacia el dólar.

En los meses anteriores, la compra de dólares por parte de las personas se mantuvo relativamente alta, en el orden de los USD 2.300 millones mensuales. Esto significa que aún con un tipo de cambio muy planchado el público igual prefiere comprar. De hecho, alrededor de 1,5 millones de argentinos adquieren divisas por mes.

Advertisement

En los cinco primeros meses del año, el dólar oficial se apreció alrededor del 10%. En otras palabras, la economía argentina se encareció en dólares de manera bastante rápida. Ahora, al menos en lo que va de junio, se frenó este proceso y proyecta lo que podría ocurrir en el segundo semestre de 2026.

De acuerdo a los datos que surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) divulgado por el Banco Central, los analistas esperan que en lo que resta del año el dólar se mueva muy parejo con la evolución de la inflación. Esto implica que el tipo de cambio finalizaría el año levemente por debajo de los 1.700 pesos.

Sin embargo, algunas consultoras, como el caso de Invecq que dirige Esteban Domecq, piensan que el dólar podría acelerarse en relación a la evolución de la dinámica inflacionaria. Esto implica que habría una reversión parcial en el proceso de apreciación cambiaria, respondiendo a quienes advierten que el encarecimiento en dólares de la economía resulta peligroso.

Advertisement

La suba del tipo de cambio también se produjo en el contado con liquidación, que ayer trepó hasta 1.511 pesos. La brecha con el oficial se mantiene en niveles inferiores al 3 por ciento.

Pese a la apreciación cambiaria de los últimos meses, Argentina registró en mayo de 2026 un superávit comercial récord de USD 3.504 millones, sumando así 30 meses consecutivos con saldo positivo en la balanza. Este resultado sin antecedentes se logró gracias a la combinación de exportaciones récord y una caída en las importaciones

Las exportaciones alcanzaron la cifra histórica de USD 9.537 millones (un crecimiento interanual del 34,4%) impulsadas principalmente por combustibles, energía y productos del agro.

Advertisement

En tanto, las importaciones cayeron un 7% interanual, hasta USD 6.033 millones. Con estos números, el acumulado de los primeros cinco meses del año alcanzó un superávit cercano a los USD 11.800 millones, superando ya el total positivo de todo el año 2025.



Asia / Pacific,Corporate Events

Advertisement
Continue Reading

ECONOMIA

El FMI pone la mira en el Monotributo y propone un cambio que afectará a millones de contribuyentes

Published

on


Cuando el monotributo nació, en 1998, el techo máximo para quedarse en el régimen era de $144.000 anuales. En plena convertibilidad, eso equivalía a u$s144.000. Hoy, ajustados por la inflación acumulada en Estados Unidos durante esos 27 años, esos mismos dólares representarían aproximadamente u$s270.000. Sin embargo, la categoría más alta del monotributo vigente en junio de 2026 permite facturar hasta $108 millones anuales, poco más de u$s74.000 al tipo de cambio oficial. Es decir: el techo real del régimen se redujo a menos de la mitad de lo que era cuando fue creado.

Esa brecha no es un accidente. Es el resultado de décadas de actualizaciones insuficientes que fueron comprimiendo el régimen hacia abajo, empujando en teoría a los contribuyentes de mayores ingresos hacia el régimen general. Lo que ocurrió en la práctica fue otra cosa: millones de trabajadores independientes permanecen inscriptos en el monotributo según los últimos datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) a febrero de 2026, una cifra que los propios técnicos reconocen podría estar subestimada dado que ARCA, el organismo recaudador, no publica estadísticas desagregadas por categoría. Nadie sabe con certeza cuántos monotributistas están acumulados en las categorías superiores, facturando cerca del techo y evaluando cada año si les conviene pasarse al régimen general o seguir en el gris.

Advertisement

Ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) pone el tema sobre la mesa y propone reformarlo en el documento técnico que acompaña a la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado con Argentina.

El diagnóstico de partida es contundente. El sistema tributario argentino es, según el texto del FMI, «complejo, altamente distorsivo e inestable, y pesa sobre el crecimiento y la competitividad». Con una presión fiscal equivalente al 27% del PBI en 2025, Argentina no tiene un problema de recaudación insuficiente sino de recaudación mal construida: más de 155 impuestos, tasas nominales elevadas y una base imponible estrecha por la proliferación de regímenes especiales.

Advertisement

Dentro de ese mapa, el Monotributo ocupa un lugar destacado. El FMI estima que el régimen genera un gasto tributario de aproximadamente 1 punto porcentual del PBI, lo que lo convierte en la segunda fuente de erosión de la base imponible después del IVA. El organismo reconoce sus virtudes: «simplifica el cumplimiento, promueve la formalización y amplía la cobertura de salud y jubilación». Pero al mismo tiempo señala sus problemas estructurales.

El primero es la brecha de carga fiscal. El Monotributo «impone una carga efectiva mucho menor que el régimen general, lo que genera fragmentación de empresas y limita el crecimiento de los negocios». El segundo es el efecto escalón: «la estructura de pagos fijos crea saltos bruscos en la obligación tributaria entre categorías que desincentivan el pasaje a tramos superiores de facturación». En criollo: el sistema premia quedarse quieto.

La recomendación del FMI es directa. Cualquier reforma del monotributo debería:

Advertisement
  • Reducir los efectos de umbral
  • Alinear las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general
  • Aprovechar las herramientas digitales para simplificar el cumplimiento

Y pone número a la apuesta: alinear el Monotributo con el sistema general del Impuesto a las Ganancias podría generar una ganancia fiscal de 1 punto porcentual del PBI.

El mapa de los contribuyentes

El monotributo tiene once categorías. Las primeras siete funcionan como debería funcionar un régimen simplificado: una carga fiscal modesta, entre el 3 y el 5% de la facturación, para trabajadores independientes de ingresos bajos y medios. El problema empieza cuando se llega a las categorías superiores, donde el régimen revela su verdadera tensión con el sistema general.

Tomemos el caso de un profesional independiente, un contador, un arquitecto, un desarrollador de software, que factura cerca del techo de la categoría H: $70 millones anuales, unos u$s48.000 al tipo de cambio oficial de junio de 2026. En el monotributo, ese profesional paga una cuota mensual de $447.346 si presta servicios, lo que representa una carga anual del 7,7% sobre su facturación. Si en cambio ese mismo año su facturación supera el techo y queda obligado a pasarse al régimen general, la carga estimada salta al 42%. De un año al otro, la presión fiscal se multiplica por cinco y medio.

La categoría K, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente. Un contribuyente que factura hasta 108 millones de pesos anuales, equivalentes a 74.000 dólares, paga en el monotributo el 15,3% si presta servicios, o apenas el 6,7% si vende bienes. Frente al 45% del régimen general, la brecha llega a casi 40 puntos porcentuales.

Advertisement

Esos números explican por sí solos por qué millones de trabajadores independientes permanecen en el monotributo según los datos del SIPA a febrero de 2026, y por qué muchos de ellos hacen lo imposible por no cruzar el umbral. Pero hay un factor adicional que el debate público casi nunca menciona y que termina de cerrar la trampa: quien supera el techo del monotributo y pasa al régimen general no puede volver hasta que transcurran tres años calendario completos, contados desde el primero de enero del año siguiente a la exclusión. Tres años pagando el 42 o el 45% antes de poder solicitar el regreso.

La categoría K del monotributo, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente

Advertisement

Las propuestas del FMI a la luz de la historia

El régimen nació en 1998 con una lógica de emergencia social. La Argentina de los 90 había expulsado del mercado laboral formal a miles de trabajadores: las privatizaciones, el achicamiento del Estado y la reconversión productiva volcaron al cuentapropismo a una generación que anteriormente era asalariada. Gente que había perdido la corresponsabilidad del patrón y necesitaba urgente una jubilación y una obra social a bajo costo. El monotributo fue, en ese contexto, menos un instrumento fiscal que una política de inclusión social con forma de impuesto.

Esa matriz de origen explica buena parte de sus resistencias actuales a cualquier reforma. Cada vez que el sistema fue modificado, la lógica dominante fue la de ampliar la cobertura, no la de acercarlo al régimen general. La reforma de 2004 incorporó a las cooperativas de trabajo y a las sociedades de hecho. La de 2009 elevó los topes de facturación. La de 2016 le sumó asignaciones familiares y recategorización de oficio. En ninguna de esas instancias se abordó la brecha de carga fiscal entre el monotributo y el régimen general como un problema en sí mismo. Se la administró, se la contuvo, pero nunca se la discutió de frente.

El resultado, visto desde 2026, es un régimen que cumplió sus objetivos originales de formalización e inclusión pero que creció en una dirección que sus creadores no habían previsto del todo: se convirtió en el techo contributivo para millones de trabajadores independientes que, ante la alternativa de pagar el 42 o el 45% en el régimen general, encontraron en el monotributo no un escalón hacia la formalidad plena sino un destino permanente. Lo que el FMI llama «fragmentación de empresas y limitación del crecimiento de los negocios» es, visto desde adentro, la respuesta racional de contribuyentes que aprendieron que crecer fiscalmente en Argentina tiene un costo prohibitivo.

Advertisement

El costo político y la viabilidad de la reforma

Reformar el monotributo es, en términos políticos argentinos, un ejercicio de equilibrismo sobre un cable sin red. Los millones de contribuyentes inscriptos en el régimen no son solo un dato estadístico: son votantes, son familias, son el tejido productivo de barrios y ciudades del interior que identifican al monotributo no como un privilegio fiscal sino como el único puente que los conecta con la salud y la jubilación. Tocar ese puente tiene un costo electoral que ningún gobierno desde 1998 estuvo dispuesto a pagar de manera frontal.

El FMI lo sabe. Y su propuesta, leída con atención, no es una reforma de shock sino una hoja de ruta gradual. El Selected Issues Paper no pide eliminar el monotributo ni fusionarlo abruptamente con el régimen general. Pide tres cosas más acotadas: reducir los saltos bruscos entre categorías, alinear progresivamente las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general, y aprovechar las herramientas digitales para mantener la simplicidad del cumplimiento durante la transición. La ganancia fiscal estimada de 1 punto del PBI no es el punto de llegada de una reforma inmediata sino el horizonte de una convergencia gradual.

El problema es que en Argentina lo gradual tiene una historia propia. Cada vez que un gobierno intentó actualizar los topes del monotributo por debajo de la inflación real, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario de lo que pretendía la política: no hubo migración ordenada al régimen general sino profundización de la zona gris. Contribuyentes que dividieron su facturación entre familiares, que postergaron obras, que dejaron de emitir comprobantes por encima del umbral. La presión descendente sobre los topes, lejos de empujar hacia arriba, empujó hacia los costados.

Advertisement

La administración Milei enfrenta este desafío en un momento peculiar. Por un lado, tiene el mandato político más sólido en años para avanzar en reformas impositivas de fondo: el propio Staff Report celebra la aprobación de la Ley de Blanqueo Fiscal y la Ley de Modernización Laboral como señales de capacidad legislativa. Por otro lado, cualquier reforma del monotributo que se perciba como un aumento de la carga para trabajadores independientes choca de frente con el discurso libertario de reducción impositiva que es la columna vertebral de la identidad política del gobierno. Subir la presión fiscal sobre millones de monotributistas, aunque sea gradualmente y aunque el objetivo declarado sea acercarlos al régimen general, es difícilmente vendible como una baja de impuestos.

iprofesional, diario, noticias, periodismo, argentina, buenos aires, economía, finanzas,
impuestos, legales, negocios, tecnología, comex, management, marketing, empleos, autos, vinos, life and style,
campus, real estate, newspaper, news, breaking, argentine, politics, economy, finance, taxation, legal, business,
technology, ads, media,monotributo,fmi,reforma tributaria,milei,impuestos

Advertisement
Continue Reading

Tendencias