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J. M. Coetzee y Mariana Dimópulos y el lujo de lo extranjero

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Los renombrados escritores J. M. Coetzee y Mariana Dimópulos, autores de «Don de lenguas», conversan mientras admiran una obra de arte en un espacio público.

Hay una pequeña asimetría en el corazón de Don de lenguas que el libro nunca llega a nombrar. J. M. Coetzee, que escribe en inglés, es también el hombre que, cuando quiso escribir una novela sobre un pianista polaco en Barcelona, dispuso que se preparara una traducción al español simultáneamente para que el libro pudiera existir primero en español, pudiera ser español primero, al menos durante un tiempo. La traductora que eligió fue Mariana Dimópulos, una novelista y filósofa argentina, ella misma escritora en una lengua que ha pasado gran parte de su carrera defendiendo frente a la presión de precisamente la lengua en la que escribe Coetzee. El libro que han creado juntos es un diálogo sobre el lenguaje, el estilo, la traducción, la gramática es el registro de una colaboración que es también, necesariamente, una negociación en terreno desigual. Escrito originalmente en inglés, Don de lenguas cuenta con una brillante traducción al español de Esther Cross.

Cada capítulo abarca un terreno familiar para cualquiera que haya dedicado tiempo a la obra de obra de Coetzee: su sensación de distanciamiento del inglés a pesar de ser su practicante, su larga disputa con los compromisos sociales que la cultura anglófona arrastra consigo, su interés por la sintaxis plana, la prosa despojada, en lo que él llama despojar a una lengua de sus “nutrientes”. Dimópulos aborda el mismo material desde un ángulo diferente. Ella escribe en español, lo que significa que habita una lengua con género gramatical, con modos de tratamiento formales e informales, aunque con una relación que podría llamarse similar con respecto a la idea de política del imperio. Su contribución al diálogo nunca es meramente ilustrativa. Se trata de preguntas acerca de qué es el lenguaje, qué es el estilo, qué se pierde y qué se puede ganar en la traducción, que temas no se resuelven. Plantearlas como una conversación entre dos escritores con lenguas maternas diferentes y posiciones distintas dentro del mundo literario significa que la resistencia a la resolución es la fortaleza del libro, ya que es difícil ponerse de acuerdo con demasiada facilidad cuando tu interlocutor escribe desde un universo gramatical diferente.

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El libro comienza con una reflexión sobre la nostalgia lingüística. Coetzee recuerda el momento, unos años después de la emigración de su familia de Sudáfrica a Australia, en que sintió que ya no podía escribir en inglés sin sentir que el inglés era extranjero, extranjero para él, extranjero para el continente en el que había crecido. Había pasado décadas haciendo que su distanciamiento fuera productivo, lo había convertido en un estilo. Ahora, en su adultez, en un nuevo país, se encontraba al margen del margen. Esto es típicamente coetzeano: la posición siempre está un paso alejado de cualquier centro.

Dimópulos responde a esto con su propia versión de la historia. Para ella, la extrañeza no es una condición adquirida, sino el medio en sí mismo. Escribe en un español argentino ya matizado por la conciencia de que el español de España llegó en su día como instrumento colonial, de que el español de Buenos Aires está impregnado de la inmigración italiana, de sustratos indígenas, de una relación con la cultura europea que es a la vez íntima y antagónica. Cuando escribe, ya lo hace en una lengua que le pertenece, pero no del todo, que ha heredado a través de una historia de llegada y desplazamiento. No lo describe exactamente como una herida, pero tampoco lo idealiza.

Portada del libro "Don de lenguas" con dos personas y una estatua en un parque, frente a una escultura metálica abstracta y árboles verdes
La portada del libro «Don de lenguas» muestra a J. M. Coetzee y Mariana Dimópulos

Lo que interesa a ambos escritores no es la fenomenología del lenguaje desde dentro, sino la política del lenguaje desde fuera. ¿A quién pertenece un idioma? ¿Quién decide para qué sirve? ¿Qué significa escribir en el idioma de la administración colonial cuando no se forma parte de esa administración? Son preguntas con una larga historia, y Coetzee y Dimópulos lo saben. Lo que aportan es algo más específico: el testimonio de escritores que han tenido que tomar decisiones prácticas dentro de este panorama, aunque hay una diferencia clara y poco política que subyace todo el texto sin pararse con fuerza sobre él: a diferencia de Coetzee, Dimópulos debe adoptar un segundo idioma para la academia, uno que le permita subsistir en ese medio que admite poca -casi nula- variedad lingüística. No es una elección, es una imposición que aceptamos todos los que de una u otra manera intentamos mantenernos en una carrera internacional, en un sistema de congresos y becas. Los papers se publican en inglés. En esto, paradójicamente, Dimópulos también tiene una ventaja, es bilingüe. Y por eso este dialogo es mas aceitado.

Uno de los pasajes más instructivos del libro se refiere a la negativa de la industria editorial a considerar la traducción al español de Dimópulos de El polaco como el original. Coetzee quería que el español se considerara un original, no un texto derivado. Había escrito el inglés sabiendo que se convertiría en español, había intentado escribir un inglés que diera paso al español con elegancia, incluso con entusiasmo. La editorial no estaba de acuerdo. Hay razones legales y comerciales para ello, como siempre las hay, y la editorial no se equivocaba en sus propios términos. Pero el episodio es instructivo por lo que revela más que por lo que resuelve. La categoría de original resulta no ser meramente estética, sino institucional, protegida por contratos y la ley de derechos de autor, por la maquinaria a través de la cual se venden los libros y se conceden las licencias de derechos. El original es lo que la industria diga que es, que suele ser el idioma que domina el mayor mercado que en este caso coincide con el idioma en el que el libro fue escrito en primer lugar. En la práctica, esto significa el inglés. Y, en el caso de El polaco esto aplica además porque por más intencionalidad que haya tenido el autor de plantar una bandera política, un estandarte de protesta frente a la omnipresencia del inglés, escribió el libro en inglés originalmente. Coetzee llama a esto una derrota, y se nota la frustración. Es la frustración de alguien que entendió las reglas e intentó jugar con ellas, y descubrió que las reglas se aplicaban con más rigor de lo que esperaba. Lo que no llega a decir el libro es que su experimento con la simultaneidad fue posible, en primer lugar, porque es un premio Nobel que escribe en inglés. Una novelista peruana no podría conseguir que su español se considerara el original de una traducción al inglés. La asimetría es más profunda de lo que cualquier acto individual de buena fe puede alcanzar.

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Y en un momento dado se refieren al estilo y, en mi opinión, esta parte del libro es de lo más interesante. Coetzee ya ha escrito antes sobre el estilo como algo ajeno: el escritor que se convierte en un extraño en su propio idioma, que rechaza la comodidad idiomática que ofrece la lengua materna, que escribe como si tradujera a palabras algún pensamiento previo, prelingüístico. Traza una línea a través de Kafka, de Beckett, del Flaubert, escritores que encontraron su voz al rechazar la música fácil de la fluidez de su lengua nativa. Hay algo seductor en esta genealogía. También hay algo que debería ponernos nerviosos. Y Dimópulos introduce ese nerviosismo. Señala que se trata de una idea muy particular del estilo, con antecedentes europeos y un carácter de clase específico. La escritora que puede permitirse despojar su prosa de la calidez idiomática, que puede producir lo que Coetzee llama un inglés sin cuerpo, debe haber interiorizado primero los modismos que rechaza. Hay que pertenecer al club antes de poder rechazar su apretón de manos. La extrañeza que se convierte en estilo solo está al alcance de quienes primero han sido de los nuestros, o que al menos han pasado por ser de los nuestros el tiempo suficiente para aprender las reglas que ahora están rompiendo.

Mariana Dimópulos
Mariana Dimópulos

Hay que reconocer que Coetzee no descarta esto. Reconoce la paradoja: hacer que el inglés resulte extraño requiere conocerlo muy bien. Su extrañeza es cultivada, elegida, alimentada por una educación en la lengua de la que se está distanciando. Esto difiere de la extrañeza de alguien para quien la lengua dominante siempre fue extranjera, para quien no existía una posición de insider que abandonar. Pero hay un pasaje en este capítulo al que volví varias veces, sin estar del todo segura de qué pensar al respecto. Coetzee propone que el ideal del estilo como extrañeza, o sea entre otras cosas la eliminación del color local, de los marcadores sociales, del tipo de prosa que planta su bandera, podría apuntar hacia lo que él llama un lenguaje de “literatura mundial” una especie lengua materna de nadie y, por lo tanto, propiedad cultural de nadie. Cita, con cautela pero con sinceridad, el ejemplo del esperanto, no como una propuesta seria, sino como una indicación de a qué podría aspirar un proyecto así.

Quiero detenerme aquí, porque creo que hay un juego de manos que el libro es demasiado educado para nombrar. El sueño de una lengua neutra, una lengua sin hogar, casi siempre se sueña desde una posición de comodidad en la lengua dominante. Las personas que ya escriben en inglés y a quienes ya se entiende en todas partes, se reseña y se traduce y se incluye en los planes de estudios son las que encuentran más atractivo proponer que el inglés pueda trascenderse a sí mismo, convertirse en propiedad de nadie, convertirse en aire. Sin embargo para quienes escribimos en español, árabe o swahili, la perspectiva de una “lengua mundial” no parece una liberación. Parece lo que ya ha ocurrido. De hecho, los hispanohablantes de Latinoamérica tenemos además un plus que viene dado de que leemos libros extranjeros publicados por las grandes corporaciones editoriales que traducen en Barcelona o Madrid para toda la biodiversidad de hablantes de los españoles que practicamos en las Américas. Por otro lado, no puedo dejar de preguntarme todo el tiempo mientras leo este por demás complejo e interesante libro, ¿el color de una lengua no es también el color de su cultura? ¿Una lengua no expresa la diversidad del pueblo que la habla? ¿Unificar la comunicación en una lengua no sería borrar la diferencia?

Cuando abordan el tema de la traducción, Dimópulos se expresa con mayor plenitud en su propia voz. Ha dedicado años a la traducción, primero como lectora y luego como profesional, y su comprensión de lo que exige este trabajo tiene una textura diferente a la de Coetzee. Mientras que a él le interesa la traducción como problema filosófico: el problema de la equivalencia, de lo que se puede y no se puede trasladar, a ella le interesa la traducción como trabajo, como atención sostenida con su propia ética y su propia fenomenología. Uno de los ejemplos más reveladores del libro tiene que ver con la traductora vietnamita que trabaja en una novela de Coetzee y debe decidir si el hermano de un personaje es mayor o menor. En vietnamita la distinción es gramaticalmente obligatoria: el idioma no permite dejarla sin especificar. El inglés de Coetzee la deja sin especificar, deliberadamente; quería que el personaje permaneciera ligeramente indeterminado. La traductora se encuentra ahora en una situación en la que debe añadir información que el original omite. Debe escribir algo que su autor nunca escribió y que no puede respaldar, no porque quiera, sino porque su lengua lo exige. Coetzee interpreta esto como una restricción impuesta por la gramática vietnamita, una especie de intromisión. Dimópulos lo interpreta de otra manera, y tiene razón. Lo que revela el caso vietnamita es que el inglés tampoco es neutral. Su negativa a especificar la edad relativa es en sí misma una característica gramatical, una limitación o una libertad, dependiendo de cómo se mire. La simplicidad que Coetzee valora en su estilo es en parte una función de lo que el inglés no te obliga a decir. Otros idiomas exigen otras cosas. Nada de esto es sencillo. Y ninguno debiera ir en detrimento del otro a niveles de exacta reciprocidad. Pienso mientras leo esto en otro tipo de traducciones que se hacen cuando a una autora latinoamericana que escribe en español y se publica en España se le pide que borre los marcadores vernáculos, escriba en un español mas “neutro” o peor, de manera casi insultante porque es la misma lengua (¿), que diseñe un glosario de localismos. Y no hablo precisamente de textos marcados con jerga local exacerbada; hablo de cambiar “soga de colgar la ropa” por “tendedero”.

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J. M. Coetzee
El escritor y premio Nobel J.M. Coetzee (EFE)

Uno de los puntos neurálgicos del libro es la cuestión de género. El español es una lengua con género; el inglés, en gran medida, no lo es. A Coetzee le atrae lo que él ve como la simplicidad de la ausencia de género del inglés, su rechazo a animar el mundo entre masculino y femenino. Dimópulos aborda esto con más ambivalencia. Las disputas sobre el lenguaje inclusivo en español -el uso de la terminación en “e”, la arroba, la multiplicación de formas más o menos aceptadas- son disputas sobre quién llega a ser visible, sobre cuya existencia queda marcada en la forma predeterminada de un sustantivo o adjetivo. Despojarse del género en el lenguaje no es un acto neutral. Puede ser tanto un silenciamiento como una liberación, y Dimópulos, que ha visto cómo se desarrollaban estas discusiones en la cultura literaria de Buenos Aires con una intensidad que los críticos anglófonos rara vez registran, lo sabe de primera mano.

El capítulo final, “Palabras”, es el más personal y, en mi opinión, el menos cerrado en el mejor de los sentidos. Ambos autores hablan de la experiencia de buscar una palabra concreta, la mot juste que está casi en la punta de la lengua pero que no se encuentra, y de lo que esta experiencia sugiere sobre la relación entre el pensamiento y el lenguaje. ¿Es la palabra que falta evidencia de una laguna en el vocabulario, un lugar donde el lenguaje aún no ha madurado? ¿O es la búsqueda en sí misma la que revela algo: ¿que el pensamiento precede al lenguaje, que el lenguaje siempre llega demasiado tarde para captar lo que la mente está buscando?

Esta es una pregunta muy antigua, y el libro no la resuelve. Lo que hace es ofrecerte dos sensibilidades diferentes que la abordan en tiempo real, sin saber de antemano dónde acabarán, y eso resulta ser más interesante que cualquier resolución.

La pregunta que le hace a Dimópulos es si esa experiencia es prueba de una laguna real en el lenguaje o si es prueba de algo anterior: un pensamiento o una sensación que precede al lenguaje y que ninguna palabra podría albergar del todo. Dimópulos responde con una anécdota. Un ex estudiante de filosofía vive en las calles de Berlín. Lo han visto en la estación de Jannowitzbrücke, sentado con las piernas cruzadas en ropa sucia sobre el andén frío, inclinado sobre un ejemplar del Duden, el diccionario oficial del alemán, leyendo página por página en busca de las palabras correctas. Estudió filosofía en la universidad, explica cuando le preguntan, y no puede continuar con su pensamiento hasta que haya encontrado el lenguaje adecuado. Lleva años en eso. Dimópulos lee esta figura como algo a la vez cómico, trágico, y no del todo equivocado. Le recuerda una nota adhesiva que pegó en la pared de su apartamento en la juventud: Traigan categorías nuevas, por favor. Nunca supo quién se suponía que debía traerlas. Con los años, la frase cambió en su memoria: Hay que salir a buscar palabras. Nadie más las traerá.

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La conversación entre el tesauro de Coetzee y el lector del Duden de Dimópulos es el pasaje más hondo del libro. Ambas imágenes giran alrededor del mismo problema desde direcciones opuestas: que la palabra adecuada puede existir, pero no puede institucionalizarse, que lo que ofrece el diccionario es un mapa del universo tal como ha sido recortado hasta ahora y no tal como es. El mapa siempre va detrás del territorio.

Pieter Brueghel el Viejo
“La torre de Babel” (1563) de Pieter Brueghel el Viejo

El libro termina con una reflexión sobre la Torre de Babel y sobre las matemáticas como el único lenguaje plenamente traducible. Las matemáticas no pertenecen a ningún país ni cultura; una demostración en chino es la misma demostración en portugués. El sueño de un lenguaje universal encuentra su única encarnación real en los números, en las estructuras abstractas que carecen de idioma, de acento, de hogar. Esto no es consolador. Sugiere que lo que hay de universal en el pensamiento humano es precisamente lo que hay de menos humano en él: lo formal, lo impersonal, lo despojado de todo. Un lenguaje que signifique lo mismo en todas partes resulta no significar nada que le importe a la literatura.

Una cosa más, y quizá sea lo más extraño de Don de lenguas. El libro fue escrito en 2024. En la introducción, ambos autores reconocen el auge de los grandes modelos lingüísticos y la traducción automática como un avance de máxima importancia para todo lo que están a punto de discutir y luego lo dejan totalmente de lado. La decisión es comprensible; la IA es un tema que puede devorar cualquier conversación en la que se introduzca, y estos escritores tenían otras cosas de las que querían hablar. Pero no se puede evitar darse cuenta de lo que eso significa. El libro es un diálogo sobre lo que hace humano al lenguaje: lo ajeno, el esfuerzo, la brecha entre el pensamiento y la palabra, la forma en que cada acto de escribir es un acto de negociación con la historia. En segundo plano, mientras estos dos escritores abordan todo eso, las máquinas están aprendiendo a hacerlo más rápido, a gran escala y por menos dinero. El libro no aborda esto. Quizá no pudiera. Quizá saber qué decir al respecto lleve más tiempo del que cualquiera de nosotros ha tenido.

Don de lenguas no resuelve los problemas que plantea. No pretende hacerlo. Lo que ofrece, en cambio, es un modelo de cómo mantenerlos: dos escritores desde posiciones diferentes en el orden lingüístico, con relaciones distintas con el imperio, la traducción y la gramática, reflexionando juntos sobre lo que cuesta el lenguaje y para qué sirve. El hecho de que el libro esté escrito en inglés -precisamente el idioma que ambos escritores contemplan con una ambivalencia tan complicada- es la ironía que alberga en su interior, y que sabe que alberga, y que no ha resuelto. Eso es, al fin y al cabo, lo más honesto del libro: la negativa a fingir que la ironía se disipa, ni siquiera aquí, ni siquiera entre dos personas que la han analizado con más detenimiento, claridad intelectual y pasión que la mayoría.

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Trump informó que EEUU investiga la posible presencia de drones iraníes en Cuba: “Si los tienen, nos encargaremos de ello en breve”

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Trump informó que EEUU investiga la posible presencia de drones iraníes en Cuba: “Si los tienen, nos encargaremos de ello en breve” (EP)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informó el lunes por la noche que su Gobierno investiga una posible presencia de drones iraníes en Cuba y advirtió que Washington actuará si confirma esa información. “Si los tienen, y es muy posible que los tengan, nos encargaremos de ello. Marco está justo en la habitación de al lado. Y si los tienen, nos encargaremos de ello en breve”, afirmó desde el Despacho Oval.

Trump respondió a preguntas de la prensa sobre una eventual presencia de drones iraníes en la isla y sostuvo que su administración no permitirá esa situación. Además, planteó la posibilidad de que Cuba también almacene armamento iraní.

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«Podría ser» que la isla caribeña estuviera «almacenando algunos» misiles iraníes, señaló el mandatario. “Lo estamos investigando ahora mismo”, expresó, antes de remarcar que su Gobierno no va a «permitir que eso ocurra“.

Las declaraciones del presidente llegaron poco después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, anunciara que Washington continuará con el uso de «todas las herramientas a su disposición» para «impulsar» reformas «políticas y económicas» en Cuba y poner fin a «décadas de represión e incompetencia económica de su régimen comunista“.

En la víspera, el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, sostuvo que Cuba alberga bases «tanto rusas como chinas» y atribuyó a Moscú y Beijing la presencia de «puestos de inteligencia, puestos de recolección de señales y oficiales militares en Cuba“.

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El embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz (REUTERS)
El embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz (REUTERS)

Las declaraciones se producen en un contexto de creciente presión de Washington sobre La Habana. Al embargo vigente desde hace más de seis décadas, Estados Unidos sumó desde comienzos de año un bloqueo energético que provocó, en distintas ocasiones, la interrupción total del suministro eléctrico en la isla.

El pasado viernes, las autoridades cubanas confirmaron un nuevo apagón eléctrico de alcance nacional, el cuarto registrado en lo que va del año.

El régimen cubano incorporó más de 300 drones militares de origen ruso e iraní desde 2023, según fuentes de inteligencia citadas por Axios. El informe sostiene que las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) analizan un eventual uso de estos sistemas contra objetivos militares estadounidenses, como la Base Naval de Guantánamo o instalaciones en Cayo Hueso, en medio de la creciente tensión con Estados Unidos.

Las autoridades del régimen, encabezadas por Miguel Díaz-Canel, invocaron el derecho a la legítima defensa, aunque no negaron la posesión de estos sistemas. El canciller Bruno Rodríguez advirtió que habrá un «baño de sangre» si Washington ejecuta una acción militar contra la isla.

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De acuerdo con el portal El Toque, el interés de las FAR por los drones antecede a 2023 y responde a una política de cooperación militar con Irán, Rusia, Bielorrusia, Argelia, Venezuela y Vietnam. El medio también señala que existen indicios de que la industria militar del régimen desarrolló capacidad para ensamblar y modificar estos equipos.

General cubano Bielorrusia
La dictadura cubana fortaleció su arsenal de drones militares en los últimos años (Ministerio de Defensa de Bielorrusia)

Uno de los primeros antecedentes documentados data de 2012, cuando el entonces director de la empresa bielorrusa Minsk Aircraft Overhaul Plant, Yevgeny Vaitsekhovich, informó sobre un proyecto conjunto con la dictadura cubana para ensamblar drones Sterkh-BM. En 2024, el ministro de las FAR, Álvaro López Miera, visitó instalaciones militares en Bielorrusia donde inspeccionó modelos Irkut, Orlan, Supercam, Formula, VR-12, Moskit y Busel.

Según Axios, no existe evidencia pública sobre los modelos exactos incorporados por las FAR, aunque las fuentes consultadas apuntan a sistemas similares a los utilizados en la guerra de Ucrania, entre ellos los iraníes Shahed-136, Arash-2 y Mohajer-6, además del ruso Geran-2.

El Shahed-136 posee un alcance estimado de entre 2.000 y 2.500 kilómetros y puede transportar una ojiva de 40 a 50 kilogramos. El Arash-2 ofrece una autonomía de hasta 30 horas, mientras que el Mohajer-6 incorpora sensores electroópticos e infrarrojos y puede portar municiones guiadas de precisión.

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El informe también indica que gran parte de los drones observados en Cuba corresponde a modelos comerciales chinos adaptados para tareas de vigilancia y reconocimiento. Además, las instituciones educativas de las FAR incorporaron formación específica en Vehículos Aéreos No Tripulados (VANT) y la Empresa Militar Industrial Yuri Gagarin presentó drones con capacidad para lanzar pequeñas granadas de mortero durante el ejercicio Meteoro 2025, lo que evidencia capacidad de ensamblaje, modificación y mantenimiento dentro de la isla.

Las autoridades del régimen, encabezadas por Miguel Díaz-Canel, invocaron el derecho a la legítima defensa, aunque no negaron la posesión de estos sistemas (REUTERS)
Las autoridades del régimen, encabezadas por Miguel Díaz-Canel, invocaron el derecho a la legítima defensa, aunque no negaron la posesión de estos sistemas (REUTERS)

El análisis publicado por Axios sostiene que «presentar drones armados como ‘medios defensivos’ supone una confusión conceptual sobre los principios básicos de la doctrina militar o una deliberada distorsión del lenguaje para consumo político interno“. Además, señala que la incorporación de estos sistemas respondió a un proceso de planificación de varios años y no a una reacción inmediata frente a las tensiones recientes con Estados Unidos.

(Con información de Europa Press)



Domestic,Politics,North America,Government / Politics

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Hegseth announces joint task force with DOJ to prosecute leaks to journalists ‘with the full force of the law’

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Pentagon chief Pete Hegseth on Monday announced the creation of a joint task force with the Department of Justice to identify and prosecute officials who leak «sensitive information» to the media.

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Hegseth said the Pentagon’s Office of General Counsel (OGC) may request and receive all information, support and records across the department regarding news media leak investigations.

«To combat the dangers that leaks pose, effectively immediately, I have ​delegated tasking authority ​to the war department’s ‌office ⁠of general counsel, empowering OGC to request and receive ​all ​information, ⁠records and support across the ​department concerning ​media ⁠leak investigations,» he said in a video shared on X.

«Leaked information risks lives, these new tools and processes will greatly assist us in protecting our joint force,» Hegseth continued. «The security of our nation cannot be a bargaining chip for those who seek momentary headlines, access to confidential and secret information is a sacred trust, and those who betray that trust will be met with the full force of the law.»

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TRUMP ADMINISTRATION SUBPOENAS NY TIMES JOURNALISTS IN GRAND JURY LEAK PROBE TIED TO AIR FORCE ONE REPORT

Pentagon chief Pete Hegseth on Monday announced a joint task force with the Department of Justice to identify and prosecute leakers. (Reuters/Kevin Lamarque)

The secretary also thanked Acting U.S. Attorney General Todd Blanche for his support, adding that he was «proud that our departments are working together closer than we have ever before.»

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Hegseth’s announcement comes just days after the DOJ issued subpoenas to four reporters at The New York Times, attempting to force them to testify before a federal grand jury after the newspaper reported on the security concerns involving the plane gifted to President Donald Trump by Qatar that he flew on to Turkey for a recent NATO summit.

The subpoenas were widely criticized by The New York Times, journalists at various news outlets and press freedom groups, arguing that the Trump administration is attempting to intimidate reporters conducting legitimate news-gathering about the government.

NEW YORKER SUING ICE AFTER OFFICERS WENT TO HIS HOME TO WARN HIM OVER CRITICISM OF AGENCY

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Defense Secretary Pete Hegseth answering questions during a press briefing at the Pentagon

The announcement comes just days after the DOJ issued subpoenas to four reporters at The New York Times. (Kevin Wolf/AP)

«The appearance of federal law enforcement agents on the doorstep of news reporters should shock the conscience of any American who believes in the Constitution and the press freedom it protects,» an attorney for the newspaper, David McCraw, said in a statement.

«Our journalists report the facts and advance the American public’s right to know how their government is operating and their taxpayer dollars are being used,» McCraw added. «This brazen act should be seen as nothing more than an attempt to prevent the public from knowing what is happening in their country by intimidating journalists from doing their jobs.»

Since taking over as head of the Pentagon last year, Hegseth has sought to crack down on leaks to the media.

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Last year, the department opened investigations into those accused of leaking classified information to the press and threatened to conduct polygraphs to identify leakers.

Hegseth and Blanche

The secretary thanked Acting U.S. Attorney General Todd Blanche for his support. (Kent NISHIMURA / AFP via Getty Images)

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Hegseth has also attempted to impose restrictions on reporters covering the Pentagon. He had forced them to sign a pledge stating that they would not solicit any unauthorized material, even if the information was unclassified. Most Pentagon reporters turned in their press badges rather than accept the department’s restrictions on news-gathering.

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That policy is facing lawsuits, and a judge last month granted a preliminary injunction, ruling that the department’s requirement that journalists be accompanied by an official chaperone at all times violated the First Amendment in response to a case brought by The New York Times.

pete hegseth, politics, pentagon defense, justice department, fox news media, donald trump

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«Vamos a golpear fuerte esta noche»: Estados Unidos lanzó una nueva ola de ataques contra Irán

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Estados Unidos lanzó a primera hora del martes una andanada de ataques contra Irán, en una nueva escalada tras la reciente reanudación de las hostilidades, aunque el presidente Donald Trump afirmó que un acuerdo con Teherán sigue siendo «posible».

El mando militar estadounidense para Oriente Medio (Centcom) anunció en un comunicado el inicio de «una tercera noche consecutiva de ataques contra Irán», poco después de la medianoche hora de Teherán.

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«Vamos a golpearlos fuerte esta noche, y vamos a golpearlos fuerte mañana», había declarado antes Trump al conductor de radio Hugh Hewitt.

Cuatro nuevas explosiones se oyeron cerca de Bandar Abás, ciudad portuaria del sur de Irán situada en el estrecho de Ormuz, informó la agencia de noticias Irna.

Por su parte, Emiratos Árabes Unidos, aliado de Washington en el Golfo, informó este martes (hora local) que Irán atacó dos de sus petroleros en Ormuz, lo que causó la muerte de un tripulante y dejó heridos a ocho.

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El lunes, los Guardianes de la Revolución, ejército ideológico de Irán, afirmaron haber alcanzado objetivos y bases militares estadounidenses en Jordania, Baréin y Kuwait.


Ante la prensa en la Casa Blanca, Trump consideró sin embargo por la noche que un acuerdo con Irán aún era «posible».

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Antes de eso, había anunciado en su plataforma Truth Social que Estados Unidos tomaría el control de Ormuz, una vía clave para el tránsito mundial de hidrocarburos, y que se restablecerá el bloqueo de los puertos iraníes.

Esa medida de presión entrará en vigor el martes, según el ejército estadounidense.

Al igual que Teherán, el presidente estadounidense dijo que quería cobrar «una remuneración equivalente al 20% del valor de los cargamentos» en Ormuz, a pesar de que esa vía está sujeta al derecho internacional que se supone debe garantizar la libertad de navegación.

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Por su parte, El canciller iraní, Abás Araqchi, ironizó sobre la amenaza de peaje de Trump. «Irán siempre ha sido el guardián del estrecho y lo seguirá siendo para siempre», aseguró en la red social X.

«El presidente de Estados Unidos tiene toda la razón. Quien garantice el paso seguro debe recibir una compensación», dijo, y agregó: «El 20% es, por supuesto, demasiado. Seremos justos».

Ante estos intercambios, los precios del crudo se dispararon el lunes: el barril de Brent del mar del Norte, referencia internacional, subió un 9,59% y se cotizó en 83,30 dólares.

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Tras casi 40 días de bombardeos en el conflicto desencadenado por los ataques israeloestadounidenses del 28 de febrero, un alto el fuego entró en vigor a principios de abril y fue ratificado el 17 de junio mediante un protocolo de acuerdo.

Pero desde las nuevas agresiones de los últimos días contra buques que intentaban atravesar Ormuz, los enfrentamientos se han reanudado con una intensidad sin precedentes, lo que llevó a Trump a afirmar que el alto el fuego «terminó».

La semana pasada, el presidente estadounidense envió además una notificación oficial al Congreso indicando que el conflicto con Irán se había reanudado, confirmó la Casa Blanca a la AFP.

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El portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baqai, afirmó el lunes que el memorando de entendimiento de junio que sirvió de base para las negociaciones y levantó el bloqueo estadounidense estaba «en crisis».

Baqai dijo que Irán ignoraría sus obligaciones en virtud del acuerdo si Estados Unidos hacía lo mismo, pero añadió que Teherán seguía manteniendo conversaciones con mediadores de Qatar, Pakistán y Omán para evitar una mayor escalada.


Los medios estatales iraníes informaron de muertos en los últimos ataques estadounidenses, que, según dijeron, tuvieron como objetivo amplias zonas del sur y el oeste del país.

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Al menos 25 personas murieron en Irán desde que se reanudaron las hostilidades el miércoles pasado, según un recuento de la AFP basado en anuncios oficiales iraníes.

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